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martes, 17 de abril de 2012

Fragmento de 'Cosmic Trigger II' de Robert Anton Wilson

Extractos de Cosmic Trigger II. En este segundo libro de la trilogía, encontramos una multitud de mini-ensayos en los que el autor habla de su propia vida, de sus ideas acerca de la realidad, del papel de la ciencia y la percepción.



La raíz cuadrada de menos uno y otros misterios



A medida que avanzó mi educación matemática en la Brooklyn Tech, empecé a encontrarme lo que los New Agers de hoy en día piensan que sólo puede encontrarse en el misticismo oriental; conceptos demasiado etéreos como para ser reducidos a datos de los sentidos.





Por ejemplo, dos es la raíz cuadrada de 4, porque si multiplicas 2x2 obtienes 4. En notación matemática, 2 x 2 = 4 o 2^2 = 4. Tres es la raíz cuadrada de nueve, por la misma lógica (3^2 = 9). Pero menos uno (-1) también tiene una raíz cuadrada, incluso a pesar de que no podamos escribirla como número. De forma arbitraria (como convención) lo representamos con la letra i.





También tenemos múltiplos de i, como 2i, 3i, 4i, etc. Estos son lo que llamamos "números imaginarios", porque cuando se inventaron, a nadie se le ocurría utilidad alguna para ellos. Para los artesanos prácticos de esos días, y también para algunos de los matemáticos, parecía que i y todos sus múltiplos fueran algún tipo de fantasía en la que los matemáticos se habían metido torpemente, como el pequeño hombre del famoso poema:



Vi a un hombre en la escalera,


un pequeño hombre que no estaba allí.


De nuevo, hoy tampoco estaba allí


¡Agh, ojalá se fuera!



La raíz cuadrada de menos uno y sus múltiplos fantasmales no se fueron. De estos números imaginarios nacieron los números complejos, que se escriben en formas como 3 + 2i, 4 + 7i, x + 5i, y + 12i, etcétera. No puedes marcar un punto en una línea y decir que allí es donde vive un número complejo en concreto, como podrías hacerlo con los números normales ("reales"). Para indicar dónde pertenece un número complejo no necesitas una línea, sino un plano (dos dimensiones).



Por ejemplo, si dibujas una línea de cualquier longitud en una página normal y la divides con una marca por cada centímetro, 3 sería el número que corresponde a la marca donde se encuentra el tercer centímetro. 3+2i estaría dos unidades "por encima" de eso, flotando en el espacio (pero en el mismo plano que la línea).



Hasta aquí, estos números complejos compuestos por una parte que son sus números imaginarios parecen como un "juego mental" o el equivalente matemático a la pintura abstracta. Lo asombroso es que, durante los últimos 300 años, los científicos han encontrado docenas y docenas de sistemas en el mundo físico que sólo pueden describirse con este oculto simbolismo. Por ejemplo, puedes describir la corriente eléctrica de corriente continua (DC) sin ellos, pero los necesitas para describir la corriente alterna (AC). También los necesitas en la Relatividad, en la mecánica cuántica, la televisión; y en docenas de otras áreas de nuestra tecnología.





Es como si no pudiéramos describir y predecir el mundo de la materia y la energía sin incluir en nuestra descripción un factor tan inescrutable como la Cabeza Cabalista Que No Es Una Cabeza o el Sonido Zen de Una Mano Aplaudiendo.



Mientras iba sorprendiéndome con esta revelación, les hice a mis profesores muchas preguntas sobre el sentido de todo esto. La respuesta habitual era, "Bueno, funciona, así que, ¿por qué preocuparse sobre algo que sea un poco raro en las matemáticas?". La única otra respuesta era, "Bueno, puedes verlo en la universidad, si decides ir a Matemáticas".



(La Matemática Pura trata de todos los sistemas matemáticos que los humanos pueden inventar. La Matemática Aplicada trata sólo con aquellos que tienen alguna utilidad mercantil o científica. Otra broma aquí es que cualquier cosa que venga de la Matemática Pura puede convertirse en Matemática Aplicada tan pronto como alguien le encuentre utilidad. Por ejemplo, la Geometría Riemanniana era Matemática Pura hasta que Einstein la utilizó en su teoría de la gravedad, momento en el que se convirtió en Matemática Aplicada. Dado que el 95% de la Matemática Pura es desconocida incluso para la mayor parte de los matemáticos -nadie tiene tiempo como para leer y entender todos los teoremas publicados-, no sabemos cuánta Matemática Pura puede estar tirada en libros cubiertos de polvo, y que contenga los modelos científicos que puedan explicar fenómenos inexplicados.)



Un concepto más extraño todavía para mí fue el de que vivimos en un mundo sin colores. Por ejemplo, desde donde estoy sentado frente a mi ordenador escribiendo esto, puedo ver un tablero de ajedrez blanco y negro, una estantería marrón, un vestidor beige/amarillo, una tapicería amarilla y roja (hecha por un artista indio de Panamá) y una silla verde llena de cosas. Todo esto es una alucinación, según la física. Lo que está realmente ahí consiste en grupos de átomos sin color y fotones, y todos los "colores" son la forma en la que mi cerebro reacciona a las distintas longitudes de onda de la luz que llevan los fotones que están rebotando en los átomos.



Melville lo entendió, y se sintió profundamente inquieto por este aspecto de la ciencia moderna. La frase de Moby Dick, "el todo-color carente de color del ateísmo", resume el horror que la mayor parte de los artistas sienten ante esta visión blanqueada y emocionalmente vacía de un mundo monocromático; que también aterrorizaba a Blake y Dostoievsky y causaba náuseas a Whitman. Este mundo sin color, aparentemente "abstracto", reaparece en la decoración pálida de algunas de las películas más oscuras de Bergman y Woody Allen. Tiene el sabor inhumano y carente de emociones de la meditación budista Theravada, sólo que sin la esperanza de la Iluminación.



Si la "realidad" es esta Clara Luz científico-budista, o las Matemáticas Imaginarias, o la No-Cosa como dicen nihilistas y budistas chinos, ¿por qué desarrollamos cerebros que inventan de forma persistente un mundo alucinatorio "sólido" lleno de colores, y sudor, y música, y propósitos y diversión y sufrimiento e incluso presencias tan de brujería como la Justicia y la Injusticia? ¿Por qué nuestros cerebros se dedican a alucinar esa fantasía en technicolor incluso después de que hayamos aprendido la verdad científico-matemática?



La temperatura resulta ser incluso más extraña que el color. Se registra en instrumentos -por ejemplo el termómetro-, así como en nuestro sistema ojo/cerebro, pero sólo existe a determinados niveles. Específicamente, existe en el nivel molecular y de ahí hacia arriba, ya que lo que llamamos temperatura es el índice de movimiento de las moléculas. Esto es, si una mesa está a 40 grados en un día caluroso, no tiene sentido decir que los átomos en esa mesa están también a 40 grados. Los átomos tienen tanta temperatura como color. Sólo los grupos de átomos llamados moléculas tienen temperatura, y sólo en relación a sus movimientos.



Cuanto más progresó mi educación técnica, más me di cuenta de que lo que es real no es lo que vemos, y que lo que vemos no es real en absoluto. Lo que es "real", evidentemente, carece de color y temperatura, y es abstracto de forma que sólo se puede expresar en términos de matemáticas surrealistas como la raíz cuadrada de menos uno. Encuentro esto cada vez más difícil de creer, y aun así (como sigo insistiendo), las pruebas experimentales lo apoyan.



Pero el cálculo me hizo encontrar problemas incluso peores. La forma de una simple función de cálculo tiene este aspecto, con la notación habitual:



dx / dt




Esto expresa el índice de cambio de una variable (x) -que podrían ser litros de agua saliendo de un tubo averiado, o kilómetros viajados por un avión, etcétera-, como una función del índice de cambio o duración del tiempo (t). El problema es que está abreviado. Fue derivado por Newton y Leibniz, incluyendo un término adicional, conocido como el infinitesimal. El infinitesimal siempre se omite (después de que el teorema es entendido), porque "es tan pequeño que podemos ignorarlo".



Si no lo ignoramos, si somos lo bastante impertinentes como para preguntar sobre él, nos encontramos en un buen lío metafísico. Lo infinitesimal es inferior a cualquier número que puedas escribir. Por tanto, sabes que 1/100 es más pequeño que 1/10, y que 1/1000 es aún más pequeño, etcétera. Ahora bien, si sigues añadiendo ceros al denominador (la parte de abajo de la fracción), obtienes un número cada vez más pequeño,... pero nunca menor que el infinitesimal. Es inferior a 1/1.000.000.000.000.000.000.000.000, y si llenara un libro con un denominador hecho de ceros seguiría siendo más pequeño...



Ahora bien, obviamente uno no puede encontrar tal espectro en el espacio-tiempo sensorial, más de lo que puede encontrar la raíz cuadrada de menos uno, al Cuco, o al Espíritu Santo. ¿Dónde pueden encontrarse al infinitesimal o a los números imaginarios? Es en el reino de las leyes puras de la física, donde -aunque se trate de cosas invisibles, sin color, sin peso, sin masa, temperatura, e impalpables- "controlan" o "determinan" o al menos es aquello que "subyace" al continuo del espacio-tiempo sensorial (es decir, el mundo que olemos, sentimos y saboreamos).

Así, la "realidad" científica no es algo que podamos ver o experimentar. Es algo que deducimos de sistemas matemáticos que me resultan, personalmente, tan espeluznantes como cualquier cosa de la metafísica de Platón o la Cábala. Y aun así la mayor parte de los científicos que usan esta matemagia diariamente, ciegos a estas implicaciones, apoyan una filosofía de "materialismo" que parece querer decir que, después de todo, el mundo sensorial es real.



Cuando me di cuenta de esto, me pareció obvio que la mayoría de los científicos, como otros muchos en sus túneles de realidad, podían ignorar cualquier cosa en la que no quisieran pensar, incluso si la tuvieran delante o si les estuviera mordiendo el culo. Los científicos que no ignoran estos asuntos son tratados normalmente como personajes sospechosos; si publican sus ideas, la respuesta habitual de sus colegas es algo como, "escribiste un libro interesante de filosofía, ¿pero cuando vas a volver a hacer algo de ciencia otra vez?"



[...]

En este punto, uno podría decidir inocentemente que la ciencia es sencillamente un juego intelectual como la teología Tomista cristiana en la que algo que parece pan y sabe a pan realmente tiene una "esencia" que es la carne y la sangre de un tipo muerto. Pero la verdad es todavía más rara que eso: las ecuaciones de Einstein, por ejemplo, se han comprobado con relojes atómicos montados en naves orbitando la Tierra, y el espacio y el tiempo son de hecho tan relativos como Albert pensaba. Por raro que parezca, la abstracta y espeluznante Realidad Virtual de la ciencia matemática nos permite hacer predicciones acertadas sobre el mundo sensorial de nuestra "realidad" ordinaria.



Para aclararlo. Las cosas espeluznantes de la física y la matemática, incluyendo lo infinitesimal y la raíz de menos uno, tienen una cercanía sorprendente con las cosas invisibles y espeluznantes de la teología tradicional, tal como la "gracia invisible" oculta tras el "símbolo visible" del sacramento. La diferencia entre los espectros (o modelos) de la ciencia y los de la teología tradicional, se basa tan sólo en el hecho de que puedes de hecho usar los modelos científicos para predecir resultados precisos en el continuo sensorial en el espacio-tiempo, y que esas predicciones deben funcionar (dentro de unos límites razonables) o el modelo es arrojado fuera de la ciencia.



Por un lado, intentar entender a través del sentido común cómo inventaron los humanos las matemáticas durante un periodo de miles y miles de años y en qué sentido esta invención humana, este trabajo de arte simbólico en grupo, puede ser más real que el tocino, los huevos y el café que puedes desayunar en un restaurante,... por otro lado, si las matemáticas son "menos reales" que el olor del café, ¿por qué tienen las matemáticas una capacidad de acertar tan tremenda y una predictibilidad demostrada a través de milenios? Ciertamente, la percepción humana puede verse, en cualquier análisis cercano, como algo bastante más falible que un teorema matemático válido.



Lo veas como lo veas, hayamos derivado las matemáticas de la lógica o de reglas de juegos, o de la "intuición" o del concepto de conjunto, a lo que llevan las discusiones sobre el origen de las matemáticas es a una conclusión en particular: los humanos de alguna forma inventaron las matemáticas, tan misteriosamente como de alguna forma inventaron el lenguaje. No entendemos cómo lo hicimos, pero nos permite entender mejor nuestras alucinaciones.



En pocas palabras -como dijo una vez Einstein-, lo más incomprensible sobre el universo es que sea comprensible.







El problema de la "Realidad"



Otro Vistazo a una Vieja Adivinanza




Un día cuando estaba todavía en la Brooklyn Tech estaba hojeando la biblioteca pública y encontré un libro con el título "Ciencia y Cordura" escrito por alguien llamado Alfred Korzybski. Vi algunas páginas, y parecía que Korzybski había abordado las preguntas sobre cómo la "realidad" científica se relaciona (si lo hace) a la "realidad" sensorial ordinaria. Alquilé el libro y me lo llevé a casa.



Más tarde conocí a mucha gente interesada en las ideas de Korzybski y ninguno de ellos pareció creerme nunca cuando dije que había leído "Ciencia y Cordura" en un fin de semana, la primera vez. Bueno, lo hice,... y me deslumbró. Y entonces lo devolví a la biblioteca y compré una copia, porque sabía que tendría que releerlo varias veces antes de entenderlo por completo.



Incluso en la primera lectura, pude ver que Korzybski tenía la respuesta de al menos una pregunta que me había dejado perplejo durante años; "¿qué es la "realidad"?. Según Korzybski, la única forma correcta de responder a esta cuestión comienza con reconocer lo que "realidad" es: una palabra.



Esto parece bien demasiado obvio o bien no obvio en absoluto para la mayor parte de la gente, al menos a primera vista. En cualquier caso, "realidad", como "sexo" y "comunismo" y "desayuno" y "rábano de caballo" y "Jueves", etcétera, existe como palabra en nuestro lenguaje. Todas las palabras tienen múltiples significados (plural) y por tanto la palabra "realidad" tiene muchos significados.



Para explicar esta analogía: la palabra "sexo" significa cualquiera o todo de lo siguiente: el método normal de reproducción entre los animales más complejos que las amebas, una violación violenta en un callejón, Jack haciendo el amor tiernamente a Jill, Jack haciéndole el amor a Joe, Jack masturbándose, Jill haciendo el amor a Jane, cunnilingus hombre-mujer, cunnilingus mujer-mujer, fellatio hombre-mujer, fellatio hombre-hombre, dos perros follando en la calle, Jack teniendo una fantasía sobre hacerle el amor a Marilyn Monroe, una película porno hardcore, una película porno softcore, una pintura de un desnudo de Renoir, Jill simplemente abrazando a Jack cuando se siente deprimido, Jill en un parto natural, Jill cuidando a su bebé, el poster central de la Playboy, un necrófilo en una morgue, el Marqués de Sade fustigando a una prostituta y pagándole para que le fustigue, etcétera.



Ocurren millones de eventos en el espacio tiempo, cada uno distinto y en algunos aspectos único, y a muchos de los cuales aplicamos la etiqueta "sexo", que nos ayuda a clasificar las cosas pero también nos adormece haciendo que olvidemos sus diferencias.



Así que, no parece acertado decir que el mundo de nuestras percepciones -el mundo sensorial- "es real", lo que implica que todo lo demás "es irreal". Más específicamente, podríamos decir que encontramos conveniente etiquetar ese mundo como "real" la mayor parte del tiempo, y que a veces tenemos que revisar la etiqueta y sustituirla por "ilusión óptica", o "alucinación", o "maya", o lo que sea.



Y no parece acertado, tampoco, decir que el mundo de nuestros conceptos más abstractos -el mundo científico-matemático- "es real", lo que implica que el resto de las cosas, incluyendo el mundo de los sentidos de la percepción ordinaria (o del Arte, o de la marihuana) "son todos irreales". Más específicamente, deberíamos decir que encontramos conveniente utilizar modelos matemáticos específicos para resolver problemas específicos, y que a veces tenemos que tirar un modelo y crear uno completamente nuevo.



El mundo no es el colorido modelo creado por nuestros sentidos o los modelos matemáticos abstractos y sin color creados por nuestro córtex frontal. Estos representan meramente varias formas de fabricar mapas del mundo. El conflicto entre Arte y Ciencia resulta ser un conflicto entre distintos mapas, y ningún mapa lo enseña "todo". Un mapa político no es impreciso porque muestre un túnel de realidad distinto a un mapa del tiempo. Un mapa geológico no está mal porque muestre un tercer túnel de realidad.



...

El mapa no es el territorio. Usando esta especie de proverbio -que repite muchas veces- Korzybski intenta transmitir muchas cosas:



Nuestras palabras no son las impresiones sensoriales que denotan (la palabra "agua" no te mojará)

Nuestras impresiones sensoriales no son los eventos en el espacio tiempo que dan lugar a estas impresiones (cuando una roca te golpea, el dolor no está "en" la roca sino en la interacción de la roca con tus sentidos)



Nuestros modelos científicos o filosóficos (orquestaciones de palabras y otros símbolos) no son el universo no-verbal que pretenden describir o explicar.



El menú no sabe como la comida ni tiene los mismos nutrientes o aditivos que la comida, etcétera.

Resumiendo, nuestro archivador mental nos puede ser útil (o no) a la hora de clasificar y comprender el mundo, pero incluso en el mejor de los casos no debemos confundirlo con el mundo.

El mapa no muestra todo el territorio. Un mapa de Los Ángeles que mostrase "todo" Los Ángeles tendría que ocupar el mismo espacio que Los Ángeles y por tanto no serviría en absoluto como un mapa. Además, para mostrarlo "todo" sobre Los Ángeles, el mapa tendría que incluir el tiempo y evolucionar como L. A. durante un periodo de eones, siendo desde un desierto inhabitado, al emplazamiento temporal de los nativos en Norteamérica, a una pequeña misión española, etcétera, hasta el presente y hacia el futuro indefinidamente.



Notemos que las formas más "bajas" de intolerancia -por ejemplo, afirmaciones sobre "todos los judíos", "todos los negros", "todos los hombres", "todas las mujeres", etcétera, asumen implícitamente que un "mapa" (modelo) muestra todo el territorio. Pero veamos también que incluso las formas más sofisticadas y educadas de intolerancia, por ejemplo, científicos convencidos de que tienen la única teoría correcta y que el resto con teorías rivales son "incompetentes", descansa sobre una percepción ilusoria similar relacionada con poseer un mapa que puede mostrar todo el territorio.



Una vez que tenemos un mapa, podemos hacer un mapa del mapa, un mapa del mapa del mapa, etcétera

En su nivel más simple, esto significa que una vez que los humanos tienen impresiones sensoriales pueden (al contrario que otros animales conocidos) fabricar "mapas" y modelos para clasificar y organizar estas impresiones.



Una vez que he aprendido la palabra "silla", puedo clasificar todo lo que hay en casa en "sillas" y "no sillas".



Más adelante, puedo hacer un mapa de este mapa de un mapa, y clasificar las sillas en la categoría superior de "muebles", y así en adelante, hasta que llego a conceptos como "el Producto Nacional Bruto" y me encuentro desarrollando un modelo económico del mundo, o hasta que llego a conceptos como "energía" y "masa" y empiezo a desarrollar un modelo físico-matemático, o hasta que llego a 92 "elementos" y empiezo a desarrollar un modelo químico, etcétera.

Parece no haber razón para creer que este proceso de realizar mapas de mapas de mapas ("abstrayendo a niveles cada vez más altos") tenga algún fin. Ya tenemos ciencias como la biología matemática, neurogenética, neurolingüística, psiconeuroinmunología, etcétera.



Una vez que nos acostumbramos a pensar en mapas en conjunción con mapas de mapas, y mapas de mapas de mapas, etcétera, se hace fácil encontrar nuestra salida a las confusiones sobre la "realidad".



Desde esta perspectiva, un científico que ingenuamente afirme que estos mapas de un alto orden abstracto "son" la "realidad" parecen semánticamente tan ignorantes como los artistas que retroceden ante este tipo de mapa porque piensan que si esto "es realidad" entonces toda la vida normal y la percepción, incluyendo la percepción artística, "no es realidad"



Ya que el mapa definitivo de todos los mapas que incluye todos los territorios de la existencia no existe, y ni siquiera podemos imaginar cómo producirlo, lo mejor que podemos decir de cualquier túnel de realidad, ya sea sensorial o matemático abstracto, filosófico o "supersticioso" que haya sido creado por nuestra tribu o por una distinta (y por tanto ‘inferior’, claro), "científico", "político" o "artístico", es que sólo puede consistir en, "Este mapa parece funcionar bastante bien para mis propósitos, hasta el momento, en la mayor parte de los casos" (O en lenguaje más académico, "los datos no justifican aún revisar la teoría")



Toda "realidad" permanece relativa al instrumento utilizado al detectarla o medirla. En la mayor parte de los casos, para la mayor parte de los humanos en su vida normal, el instrumento que determina nuestras "realidades" -o más exactamente, túneles de realidad-, sería nuestro sistema nervioso en general y nuestro cerebro en particular.



Todo esto no deriva directamente de lo que escribió Korzybski en Ciencia y Cordura en 1933, o lo que leí en ese libro cuando lo descubrí alrededor de 1949. Deriva también de muchos otros científicos y filósofos cuyos trabajos Korzybski citó y que entonces leí (especialmente Wittgenstein, Bohr, Bridgman, Whitehead y Poincaré) y de otros que escribieron sobre el lenguaje y la comunicación después de Korzybski (especialmente Shannon, Whorf, McLuhan y Bateson). He encontrado en el modelo de Korzybski meramente la "bolsa" más general y útil en la que podrían mezclarse las perspicacias de otros analistas lingüísticos en un sistema coherente.



Quizá he visto a Korzybski en una luz distinta que muchos otros de sus comentaristas porque le releí varias veces con marihuana. Con hierba, parece bastante fácil entender que la percepción supuestamente "sin refinar" contiene tanta inferencia y organización-o-orquestación como nuestros formalismos más obviamente generados por la mente en la matemática, o los dogmas religiosos.

Si he conseguido aclarar a Korzybski, el lector debería entender ahora que la rojedad de las rosas pertenece al reino de nuestra percepción sensorial, mientras que el no-color de los átomos pertenece al reino de nuestro software cerebral más abstracto. También debería ver por qué los científicos sociales se han rendido en gran medida ante la palabra "realidad" por completo y hablan de rejillas o modelos o (el término que a Tim Leary y a mí nos parece más claro), túneles de realidad.



Atribuir "realidad" a cualquier nivel de abstracción, desde lo más sensorial a lo más teórico, condena implícitamente otros niveles a la "no-realidad" incluso si ellos, también, representan la experiencia humana normal.



He encontrado todo esto muy útil a la hora de entender a Einstein; cada instrumento, como cada cerebro, crea un túnel de realidad distinto, y nuestras funciones cerebrales más altas crean modelos matemáticos para traducir los distintos túneles de realidad en abstracciones que sirven a la ciencia incluso si contradicen la experiencia sensorial o existencial.



...

El 19 de Abril de 1942, el químico Albert Hoffman de los Laboratorios Sandoz en Basel, Suiza, mezcló un componente que tenía la esperanza de que fuera una nueva cura mejor para los dolores de cabeza. Sin saber que había ingerido una buena dosis por contacto, Hoffman se montó en su bicicleta y empezó a pedalear a casa para comer. Empezó a notar sensaciones extrañas.

Un universo de 10 dimensiones se rajaba en uno de 6 y uno de 4 dimensiones. Había ornamentos de oro y cortinas de seda e incienso fuerte; dolía como un bastardo. Árboles Maui en technicolor salvaje y arbustos por todas partes mientras que la Madre Superiora alzaba de nuevo su regla de acero -el Tío Mick entendió con la misma certeza matemática que aquellas 60.000 bolsas para cuerpos se llenarían-. Un huevo dentro de un huevo dio nacimiento a un salto cuántico, reptiles con una enorme carga. Aquellos Reyes-Sol caminando a través del Puente Brooklyn, escondiéndose tras un arbusto haciendo cluck-cluck-cluck -el sistema inercial cambia-, podía ver cada cabeza-negra, cada verruga, cada abalorio de sudor. Obras de arte consideradas "paganas" se inclinaron ante el Reverendo Yoshikami y bajaron las escaleras a Nueva York, 1959... "Lleva gafas gruesas y una especie de traje de buzo"... nos enseñan a entender mejor nuestras alucinaciones.



El Doctor Hoffman bajó de su bicicleta, con una salvaje conjetura amaneciendo en él.



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Entonces, ¿quiere el rojo de siempre o prefiere... ¡¡el color fooly cooly!??!?



Hay un mundo en tus ojos que yo mismo creé




¿Podrías contarnos algo sobre el reconocimiento de patrones?




Bien, tenemos más células conectadas en el cerebro con el reconocimiento de patrones que con la secuenciación lógica, lo cual pienso que es un hecho bastante importante. Quizá por eso encuentro la cultura y los ideogramas chinos tan agradables, porque tratan con patrones, y no con estructuras lógicas. (…)



Los niños que aprendieron sobre arte a una edad temprana, tienden a vivir más tiempo y a entender la ciencia mejor que aquellos a los que fue dada una forma de educación basada en el pensamiento lineal — el chute Gutemberg, como lo llamaba McLuhan, o el programa mental Aristotélico, según Korzybski.




Robert Anton Wilson, en una entrevista.



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Si un árbol cae en medio del bosque, ¿en qué mano está el pequeño saltamontes?

sábado, 14 de abril de 2012

EL FENÓMENO 23 (por Robert Anton Wilson)

El fenómeno 23

Robert Anton Wilson

Artículo # 23, 1977, de The Fortean Times




Escuché por primera vez del “enigma 23” por William S. Burroughs, autor de Naked Lunch, Nova Express, etc. Según Burroughs, había conocido a un tal capitán Clark, alrededor del 1960 en Tánger, que se jactaba de haber navegado 23 años sin sufrir un solo accidente. Ese mismo día, la nave de Clark tuvo un accidente que lo mató, junto con todos los pasajeros a bordo. Por otra parte, mientras que Burroughs estaba pensando en este crudo ejemplo de la ironía de los dioses, esa noche, un boletín en la radio anunció el accidente de un avión en Florida, EE.UU. El piloto fue otro capitán Clark y el vuelo era el #23.

Burroughs empezó a coleccionar “23” extraños después de esta horrible sincronía, y después de 1965 yo también comencé a hacerlo. Muchos de mis 23 más raros se incorporaron a la Trilogía“Illuminatus!” que escribí en colaboración con Robert J. Shea entre 1969 y 1971. Voy a mencionar sólo algunos de ellos aquí, para orientar a las almas ignorantes que no han leído Illuminatus! todavía:

En la concepción, mamá y papá contribuyen con 23 cromosomas cada uno para formar el feto. El ADN, portador de la información genética, tiene uniones irregulares cada 23 Angstroms. Aleister Crowley, en su Diccionario Cabalístico, define al número 23 como el número de la “vida” o “un hilo”, lo que nos recuerda obsesivamente la secuencia del ADN. Por otro lado, el 23 tiene muchos vínculos con los finales: en el código del telégrafo, el 23 significa “crisis” o “romper la línea”, y el Hexagrama 23 del I Ching significa “romper”. Sidney Carton fue el vigesimotercer hombre guillotinado en la producción de “Tale of two cities” (algunos lexicógrafos creen que aquello fue el origen de la misteriosa expresión jergal “23 Skiddoo!”)

Algunas personas han tenido sincronicidades sangrientas con el 23. Burroughs descubrió que el contrabandista “Dutch Schultz” (nombre real: Arthur Flegenheimer) había asesinado a Vincent “Mad Dog” Coll en la calle 23 en Nueva York, cuando Coll tenía 23 años de edad. Schultz mismo fue asesinado el 23 de octubre. Investigando más a fondo el caso de Dutch Schultz, me encontré con que Charlie Workman, el hombre condenado por dispararle a Schultz, estuvo 23 años preso por una sentencia de cadena perpetua y luego salió en libertad condicional.

El profesor Hans Seisel de la Universidad de Chicago le pasó la siguiente sincronicidad a  Arthur Koestler, quien la publicó en “El Desafío de la Probabilidad”. Los abuelos de Seisel tenían un 23 en su dirección, su madre tenía el número 23 como un número de calle y como número de apartamento, Seisel una vez tuvo el número 23 en su domicilio y en su oficina de asesoría jurídica, etc. Durante su visita a Monte Carlo, la madre de Seisel estaba leyendo una novela, “El amor de Jeannie Ney”, en la que la heroína gana una apuesta con el 23 en la ruleta. Su madre trató de apostar con el número 23 y acertó en el segundo intento.


Adolf Hitler fue iniciado en la Sociedad Vril (que muchos consideran un frente de los Illuminati) en 1923. El Banco Morgan (que es considerado como el respaldo financiero de los Illuminati por la John Birch Society) está en Wall Street #23, en Manhattan. Cuando se llevó a cabo el montaje teatral de “Illuminatus!”, se estrenó en Liverpool el 23 de noviembre (que es también el cumpleaños de Harpo Marx). Ken Campbell, productor de Illuminatus!, encontró en la página 223 de “Memorias de Jung, Sueños y Reflexiones” un sueño extraño en Liverpool, donde describe la intersección de la calle del teatro donde fue el estreno de Illuminatus! (Jung, por supuesto, fue el primer psicólogo que estudió las coincidencias extrañas de este tipo y que los llamó sincronicidades). Campbell también afirma que Hitler vivió brevemente en Liverpool cuando tenía 23 años de edad, pero no he encontrado las referencias de ello.

Recientemente, fui invitado a unirme a una expedición al Triángulo de las Bermudas. Me negué a causa de otros compromisos, pero “la tripulación que nunca descansa” (nombre de Sir Walter Scott para denominar la inteligencia – o idiotez – que nos mantiene pendientes de este tipo de fenómeno) se negó desengancharme tan fácilmente. Pocos días después de que la expedición partiese, encendí la televisión y vi un anuncio de una nueva película, “Aeropuerto 77”. El spot comienza con un actor gritando: “¡El Vuelo 23 cayó al Triángulo de las Bermudas!”

Una semana más tarde, Charles Berlitz, autor de “El Triángulo de las Bermudas”, afirmó que había encontrado una pirámide sumergida “dos veces más grande que las pirámides de Keops” bajo el mar. Puedes encontrar este edificio monstruoso descrito en Illuminatus, y dice específicamente que “es dos veces el tamaño de la pirámide de Keops” -, pero Shea y yo pensamos que estábamos escribiendo ficción cuando compusimos este pasaje en 1971. En 1977, Berlitz afirmó que esto era real.


Ahora tengo muchos ejemplos raros de casos con el número 23, y la gente siempre me está enviando otros nuevos.

La geometría de Euclides comienza con 23 axiomas.


Tan pronto como empecé a interesarme seriamente por la sincronía con el 23, uno de mis mejores amigos murió el 23 de diciembre.


Mis dos hijas mayores nacieron el 23 de agosto y 23 de febrero, respectivamente.


Según “Tantra: El Yoga del Sexo” de Omar Garrison, además del ciclo conocido de 28 días de las mujeres, hay un ciclo masculino de 23 días.


Burroughs, que tiende a ver el lado oscuro de las cosas, ve al 23 principalmente como el número de la muerte. A este respecto, es interesante que el Salmo 23 sea de lectura frecuente en los funerales.


Heathcote Williams, editor de “The Fanatic”, se reunió con Burroughs cuando él (Williams) tenía 23 años y vivía en una dirección de numeración 23. Cuando Burroughs le dijo, con tristeza, “23 es el número de la muerte”, Williams quedó impresionado, pero se sintió más impresionado cuando descubrió por primera vez que el edificio de enfrente de su casa era una morgue.


Bonnie y Clyde, los ladrones de bancos más populares de la década de 1930, vivieron conscientemente uno de nuestros mayores mitos underground americanos, y fueron muertos a tiros por los Rangers de Texas el 23 de mayo de 1934. Sus iniciales, B y C, tienen los valores cabalísticos de 2-3.


W, la letra 23 del alfabeto Inglés, aparece continuamente en estos asuntos. El físico que colaboró con Carl Jung en la teoría de la sincronicidad fue Wolfgang Pauli. William Burroughs fue el primero en señalarme el misterio del número 23. El asesino de Dutch Schultz fue Charlie Workman. Adam Weishaupt y/o George Washington, los dos (o uno), líderes del Iluminismo del siglo 18, también se me vienen a la mente. William Shakespeare nació y murió el 23 de abril.

Estoy cada vez más interesado en Sir Francis Bacon, posiblemente un líder de los Illuminati del siglo 17 (algunas pruebas de ello pueden encontrarse en “La Iluminación de los Rosacruces” de Francis Yates). A Bacon, de acuerdo con la costumbre, se le permitió escoger el día de su propia asunción como caballero de Isabel I. Eligió el 23 de julio.

El doctor John Lilly se refiere a “la tripulación que nunca descansa”, como “Centro de Control de Coincidencias Cósmicas” y advierte que ellas les prestan atención a quienes se interesan por éstas. Concluyo esta cuenta con la mayoría de los 23s alucinantes que he tenido en mi propia vida.

El 23 de julio de 1973, tuve la impresión de que estaba siendo contactado por algún tipo de intelecto avanzado proveniente del sistema de la estrella doble Sirio. He tenido experiencias psíquicas extrañas de ese tipo desde hace muchos años, y yo siempre las registro cuidadosamente, pero me rehúso a tomar cualquiera de ellas literalmente, hasta que existan pruebas de carácter objetivo. Sin embargo, ésta era especialmente sorprendente, tanto intelectual como emocionalmente, así que pasé el resto del día en la biblioteca más cercana leyendo sobre Sirio. He encontrado, entre otras cosas, que el 23 de julio está estrechamente relacionado con esa estrella.

El 23 de julio, los antiguos sacerdotes egipcios comenzaban una serie de rituales a Sirio, continuando hasta el 8 de septiembre. Dado que Sirio es conocido como la “Estrella Perro”, siendo la constelación Canis Major, el período del 23 de julio a 8 de septiembre se conocía como “los días de perro”.


Mi experiencia psíquica de ‘contacto’ continuó, de vez en cuando, durante dos años, hasta noviembre de 1974, después de que me forcé a terminarla por terquedad (me estaba cansando de preguntarme si fui seleccionado especialmente para una gran misión de importación interestelar, o si simplemente me estaba volviendo loco).

Después de dos años de filosófica reflexión sobre el tema (fines de 1974 – principios de 1976), finalmente me decidí a sintonizar una vez más con las transmisiones de Sirius a la Tierra, y tratar de producir algo objetivo. El 23 de julio de 1976, utilizando una batería compuesta de yoga y técnicas chamánicas, me abrí a otra explosión de Sabiduría Cósmica y le dije a los transmisores que quería algo objetivo en esta ocasión.

La semana posterior, la revista Time publicó un artículo completo sobre Robert KG Temple y su libro “El Misteriode Sirio”, que afirma que el contacto entre la Tierra y Sirio se produjo alrededor de 4500 AC en el Cercano Oriente. Los festivales del 23 de julio en Egipto fueron parte de las pruebas de Temple, pero yo estaba más impresionado por sus iniciales del medio, KG, ya que, Kallisti Oro (Kallisti Gold) es la marca de marihuana cara fumada por el héroe de Illuminatus!.

En la misma semana, es decir, una semana después de mi experimento, la revista Rolling Stone publicó un artículo de un grupo alemán llamado Ramsés. Uno de los músicos se llamaba Winifred, que es el nombre de uno de los cuatro músicos alemanes en Illuminatus!, y el artículo incluía una gran pirámide con un ojo encima de él, el símbolo de los Illuminati.

¿Coincidencia? ¿Sincronicidad? ¿Inteligencia superior? ¿Idiotez superior?

Por supuesto, el ojo en la pirámide era uno de los símbolos favoritos de Aleister Crowley, que alguna vez se llamó a sí mismo Epopt el Iluminado, y su revista The Equinox tenía como subtítulo “Una revisión de la Ciencia Iluminista”. Y 2 / 3 es igual a 0,66666666 etc – el número de Crowley repetido hasta la saciedad. A los lectores de esta pieza les resultaría divertido hojear “El Renacimiento Mágico” y “Aleister Crowley y el Dios oculto”, dos libros de Kenneth Grant, un ex estudiante de Crowley (¡y tenga en cuenta las iniciales KG otra vez!). Encontrará numerosas referencias veladas y vinculaciones no especificadas de Crowley con Sirius.

El actor que interpretó al Padre Pederastia en la producción del National Theatre de Illuminatus!, me informó que una vez conoció a Crowley en un tren. “Mera coincidencia”, si lo prefiere. Pero la segunda noche de función del Teatro Nacional, los actores me convencieron para hacer de extra en la escena de la Misa Negra. Y, queridos hermanos y hermanas, así es como me encontré desnudo en el escenario del Teatro Nacional, berreando el lema de Crowley “Haz lo que quieras es toda la ley”, bajo el patrocinio de Su Majestad la Reina.

Como buen agnóstico ontológico que soy, nunca me creo nada literalmente. Pero nunca dejaré de preguntarme cuánto de esto fue programado por el Tío Aleister antes de que yo naciera, y estoy seguro de que ese último detalle, mi único momento en el escenario del Teatro Nacional, era por causa del trabajo de Crowley.

Si usted lee “Confesiones de Crowley”, encontrará que él comenzó el estudio de la magia en 1898, a los 23 años.

Reblogueado de Necronomicosas


Revisado por Mazzu Stardust



Fragmentos de "Los Demonios de Loudun" (1952) de Aldous Huxley



La lealtad partidaria es socialmente desastrosa, pero para los individuos puede ser altamente compensadora, más aprovecha­ble, en muchos casos, que la concupiscencia y la avaricia, puesto que los lujuriosos y los avaros difícilmente se enorgullecen del ejercicio de sus actividades. Pero la condición de partidario o correligioso constituye una pasión muy compleja que permite a quienes la ejercen desenvolverse con satisfacción en sus diversos mundos. Puesto que la actividad que realizan la ejercen en nombre de un grupo, que es, por definición, bueno e inclusive sagra­do, pueden admirarse a sí mismos y aborrecer a sus vecinos, pueden ambicionar el poder y el dinero, pueden gozar de los placeres de la agresión y de la crueldad, no sólo sin sentimiento de culpa, sino con un rasgo positivo de virtud consciente. La lealtad a su grupo convierte esos vicios placenteros en actos de heroísmo. Los partidarios se ven a sí mismos como al­truistas e idealistas, nunca como pecadores o criminales. Y con ciertas salvedades, lo cierto es que sí lo son. El único problema consiste en que su altruismo es, simplemente, egolatría, y su ideal, por el cual se hallan dispuestos a entregar la vida, no es otra cosa que la racionalización de los intereses corporativos y de las pasiones de facción.
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Hoy es evidente —dondequiera que sea— que nos hallamos en la región de la luz y que los otros están hundidos en la oscuridad. Y estando en la oscuridad o tinieblas, merecen ser castigados y deben ser liquidados (ya que nuestra divinidad lo justifica todo) haciendo uso de los medios más diabólicos que tengamos a nuestra disposición. Adorándonos idolátricamente nosotros mismos como si fuéramos Ormuz y mirando a los otros como si fueran Arimán —principio del mal—, nosotros, hombres del siglo XX, no hacemos sino lo mejor que puede hacerse para garantizar el triunfo del diabolismo en nuestro tiempo.
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Para un hombre inteligente, nada más fácil que encontrar argumentos que le convenzan que hace lo que debe cuando está haciendo lo que quiere.



 

viernes, 13 de abril de 2012

ARQUETIPO Y SINCRONICIDAD



(Fragmento del libro "La Evolución Nouménica de la Especie Humana y Neogénesis del Arquetipo Femenino" de Pedro Villanueva González - 2010)



Sincronicidad (sin – del griego συν -, unión, y χρόνος, tiempo) es el término elegido por el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung para aludir a «la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido pero de manera no-casual». «Así pues, emplearé el concepto general de sincronicidad en el sentido especial de una coincidencia temporal de dos o más sucesos relacionados entre sí de una manera no causal, también se le llaman coincidencias significativas, porque portan un significado cuando se repiten varias veces como un mensaje que se manifiesta a través de patrones como símbolos personales, sueños, imágenes, lugares, encuentros portando un sentido psicológico más que una simple casualidad. Las sincronicidades se producen con mayor frecuencia en periodos de tensiones físicas, emociones fuertes, sensaciones profundas o estados de fascinación en el ser humano.



Jean Francois Vézina destacado psicólogo canadiense lo describe así: La sincronicidad es una coincidencia entre una realidad interior (subjetiva) y una realidad exterior (objetiva) en la que los acontecimientos se vinculan por los sentidos, es decir de modo no-casual. Esas coincidencias provocan en la persona que la vive una fuerte carga emocional y manifiesta transformaciones profundas. Esa coincidencia provoca un fuerte impacto emocional en la persona que la vive, sugiriendo un gran número de imágenes simbólicas. Este impacto traduce el carácter numinoso (Que ejerce una fascinación sobre el sujeto) de la experiencia, o sea, el sentimiento, por parte de la persona de ser interpelada por el inconsciente. Cuando buscamos el significado de una sincronicidad, no hallamos razones, ni causas lógicas, sino un sentido, una orientación basada principalmente en la intuición y en la interpretación de patrones simbólicos de carácter personal y de lo que lo rodea. La pregunta que se plantea a raíz de una coincidencia cargada de sentido es entonces: ¿Adonde me llevará esto?, o, ¿Para llegar a qué? Cuando se percibe el sentido, se hace en ese lugar intermedio, es decir, a mitad de camino entre la realidad objetiva y la subjetividad. Se percibe en ese espacio transicional en el que se exhiben los símbolos, fuerza unificadoras de contrarios. La percepción de los símbolos sincronísticos es, pues, un ejercicio continuo de puesta en forma de la vida simbólica. Un símbolo sincronístico sería más bien una señal que nos ayuda a dirigirnos en la vida. El símbolo se percibe en el área transicional, un lugar “intervalo” entre la realidad y el sueño. La sincronicidad también se percibe en ese intervalo, un espacio de juego y creatividad que nos permite interpretar el mundo.



Arquetipo remite a una construcción propuesta por Carl Gustav Jung para explicar las «imágenes arquetípicas», es decir, todas aquellas imágenes oníricas y profundas que correlacionan con especial similitud motivos universales pertenecientes a religiones, mitos, leyendas, etc. Se tratarían de aquellas imágenes ancestrales autónomas constituyentes básicos del inconsciente colectivo que están arraigados en todos los seres humanos de la Tierra.



De la amplia gama de Arquetipos existentes, como pueden ser el Nacimiento, la Muerte, Dios, la Diosa, el Viejo sabio, Cuaternidad, Trickster, Padre, Madre, Héroe, Vejez, Atracción, Procreación, Crecimiento, el Mal y el Bien, etc., que se encuentran en todas las culturas y existencia, así como otras imágenes presentes ensueños y Mitos con un fuerte significado emocional: grupos numéricos, una montaña, un reloj, un padre dominante, un amigo traicionero, etc., cinco son los que han alcanzado un desarrollo superior al de cualquier otro: Ánima, Ánimus, Sombra, Persona, Sí-mismo.

Un arquetipo (del griego αρχη, arjé, "fuente", "principio" u "origen", y τυπος, tipos, "impresión" o "modelo") es el patrón ejemplar del cual otros objetos, ideas o conceptos se derivan. En la filosofía de Platón expresa las formas sustanciales (ejemplares eternos y perfectos) de las cosas que existen eternamente en el pensamiento. Un arquetipo es un modelo o ejemplo de ideas o conocimiento del cual se derivan otros tantos para modelar los pensamientos y actitudes propias de cada individuo, de cada conjunto, de cada sociedad, incluso de cada sistema.



Uso en la sociedad y en el comportamiento humano



En el libro “Realidad del alma”, Jung propone que en el mundo primitivo todos los hombres poseían una especie de alma colectiva, pero con el pasar de los años y la evolución, surgió un pensamiento y una conciencia individual que ayudó en gran parte con la formación del modo de pensar de cada cultura y de su tipo de actuar. Una persona está integrada por conductas regidas por arquetipos, junto con sus diferentes caminos y sus estadios. Existen tres caminos: Conocimiento, Poder y Amor.



Uso en filosofía

El arquetipo en la antigüedad



Platón, el más fiel discípulo de Sócrates, cree como éste que "la ciencia consiste en lo universal " y aspira a ello por medio de la abstracción. Para el fundador del idealismo "la mayor certeza se halla en la mayor abstracción”. Al ejercitar ésta, distingue dos mundos: el de las cosas sensibles, rayano con el no ser, y el de lo inteligible, que es lo real mismo en sí, el tipo, la idea o el ejemplar, que reproducen las cosas sensibles por su participación de las ideas. Pero este mundo de las ideas requiere una jerarquía según Platón; éste, fijado por la dialéctica, sirve de base a toda clasificación y establece claridad y orden en la manera de tratar los asuntos. Como efecto de la abstracción formalista y lógica, esta tesis dará lugar eventualmente a la noción de que las ideas más vacías o más abstractas se consideran las superiores y se colocan en el vértice de las clasificaciones. Se convierte así la abstracción en escala para ascender al cielo y se volatiliza la realidad, llegando a estimar que una idea está más cerca de la verdad cuanto más lejos se halla de los hechos. Esta interpretación, hecha explícita por primera vez por Christian Wolff , que estima que la metafísica sería la ciencia de lo posible, alcanza su consecuencia, con rigor inflexible, en la dialéctica hegeliana, que afirma que "el ser —la idea más abstracta— es la nada". Ya la palabra ειδος, eidos, de donde procede nuestra "idea" revela el simbolismo, pues expresa la especie opuesta al individuo y aún separada de él. Para establecer la jerarquía del mundo inteligible, la imaginación se representa (siempre fuera de la realidad): el prototipo o arquetipo (la idea primera entre las demás de igual orden) de cada especie. Resulta, por lo mismo, como dice Janet, que "todo arquetipo es siempre una abstracción".



El arquetipo en la Edad Media



Esta misma palabra arquetipo ha sido usada por los escolásticos, sobre todo por aquellos que se acercan algo al sentido platónico hábilmente combinado con la doctrina aristotélica por santo Tomás de Aquino, como la idea primordial, que ha presidido a la creación del mundo.



El arquetipo en la Modernidad



Después usó también la palabra arquetipo John Locke, en su Ensayo sobre el entendimiento humano, pero atribuyéndole significación distinta a la que le diera en un principio Platón. Para Locke los arquetipos son ideas que no tienen semejanza con ninguna existencia real, ni con la nuestra ni con la de los objetos externos. Concibe el espíritu de los arquetipos mediante la reunión arbitraria de los conceptos simplicísimos, sin que puedan ser por lo tanto copias de las cosas. Después de Locke, el término deja de ser frecuente en filosofía; lo usa Goethe en el Fausto personificando las ideas en las Madres, que con sus antorchas iluminan la región de las sombras y van guiando al héroe del poema, símbolo de la luz de la inteligencia, que con su previsión nos guía en la vida. La hipótesis del arquetipo ejerció gran influencia en la filosofía de la naturaleza durante el siglo XIX y comienzos del XX. Goethe, Lorenz Oken, Geoffroy Saint-Hilaire y otros filósofos naturalistas concibieron la diversidad orgánica determinada y producida según tipos primitivos y originarios (arquetipos). Se trataba de un tipo ideal del que podían derivarse todas las especies o, al menos, todas las especies de un filo.



Uso en psicología



Arquetipo junguiano



El término fue introducido por Carl Gustav Jung para designar cada una de las imágenes originarias constitutivas del "inconsciente colectivo" y que son comunes a toda humanidad. Configuran ciertas vivencias individuales básicas, se manifiestan simbólicamente en sueños o en delirios y son contenidos más o menos encubiertos en leyendas, cultos y mitos de todas las culturas.



Muchas veces no solo aparece como un arquetipo, sino también constelaciones de arquetipos en nuestras vidas. Las constelaciones son más complejas, pues reúnen características de dos o varios que resultan armoniosas o contradictorias, o a veces tienden a mezclarse y confundirse para interpretar un sentido más complejo en un momento determinado.



Aunque en sí mismo el fenómeno de la sincronicidad ya se hallaba implícito en toda la obra e investigación de Jung, será a través de dos de sus escritos de1952 como lo describirá finalmente:



1 - Sincronicidad como principio de conexiones acausales, publicado junto a una monografía de Wolfgang Pauli, «La influencia de las ideas arquetípicas en las teorías científicas de Kepler», en Interpretación de la naturaleza y la Psique

2 - Sobre Sincronicidad, conferencia pronunciada en los encuentros Eranos.



Fundamentación



Las leyes naturales son verdades estadísticas, absolutamente válidas ante magnitudes macrofísicas pero no microfísicas. Ello implica un principio de explicación diferente al causal. Cabe plantearse entonces si en términos muy generales existe no solo una posibilidad sino una realidad de sucesos acausales. Para ello se ha de afrontar el mundo de la casualidad y tratar de separar la causalidad de la acausalidad.



Causalidad →Casualidad ←Acausalidad



La acausalidad es esperable cuando parece impensable la causalidad. Ante la casualidad solo resulta viable la evaluación numérica o el método estadístico. Las agrupaciones o series de casualidades han de ser consideradas casuales mientras no se sobrepasen los límites de la probabilidad. Si así se demostrara implicaría un principio acausal o conexión transversal de sentido.



Schopenhauer realizó un acercamiento a la casualidad no haciendo caso omiso a su fenomenología pero deteniéndose en una visión determinista. Así mismo, Kant señaló el camino a Schopenhauer. Otros autores como Xavier Dariex, Charles Robert Richet y Camille Flammarion abordaron el problema mediante el cálculo de probabilidades. Wilhelm von Scholz se aproximaría a través de recopilación de casos, y Herbert Silberer efectuaría una crítica psicológica, que aunque aconsejable, no iba más allá del causalismo, relegándose una vez más la acometida de las verdaderas coincidencias de sentido.



Experimentos científicos de Rhine



La prueba decisiva para la existencia de vinculaciones acausales reside en los experimentos científicos de Joseph Banks Rhine efectuados a partir de cartas, aunque también fueron utilizados dados.



Cartas Zener.



Siendo la media estadística de lo probable 5 aciertos sobre 25 cartas se llegaría a las tres conclusiones siguientes:



1 - Superación de la probabilidad estadística.

2 – La distancia no afecta a los resultados: no se puede tratar de un fenómeno de fuerza o energía.

3 – El tiempo tampoco altera los resultados del experimento.

Consecuentemente, existiría una relatividad psíquica del espacio y del tiempo. Y de este modo una renuncia a la explicación energética, y por lo tanto a la causalidad que presupone el espacio y el tiempo, es decir, a la observación de cuerpos en movimiento. También resulta interesante la relación de los resultados con el nivel de interés del sujeto experimental. No puede tratarse en definitiva de causa y efecto, «sino de una coincidencia en el tiempo, de una especie de simultaneidad», de ahí el término sincronicidad. Se describe la sincronicidad «como una relación entre tiempo y espacio psíquicamente condicionada».





En los experimentos de Rhine tanto el espacio como el tiempo se comportan elásticamente respecto a la psique, ya que aparentemente pueden ser reducidos a voluntad. Se podrían conjeturar entonces dos posibilidades:



1 - Relación espacio tiempo respecto a la psique.

2 - Inexistencia de espacio y tiempo al estar establecidos por la consciencia.


«Son, pues, esencialmente de origen psíquico, seguramente la razón por la que Kant los interpretó como categorías a priori». De ahí la posibilidad de relativización psíquica. Pero esta posibilidad se da solo cuando la psique se observa a sí misma, es decir, a partir de la manifestación de lo inconsciente, de los arquetipos de lo inconsciente colectivo caracterizado como psicoide.



Sincronicidad como principio de conexiones acausales. Los casos de coincidencias de sentido parecen sustentarse en una base arquetípica:



1 - El factor emocional resulta ser altamente significativo. La afectividad está basada en el arquetipo.



2 - A su vez existe como característica común cierta imposibilidad.


Debe diferenciarse el término sincronicidad o simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido pero de manera acausal de sincronismo o mera simultaneidad de dos sucesos. La sincronicidad implicaría de este modo la simultaneidad de un estado psíquico con uno o varios sucesos externos cuyo sentido parece paralelo a la subjetividad psíquica, o viceversa. El fenómeno de la sincronicidad se fundamenta en la simultaneidad de dos estados psíquicos diferentes:



1 - Uno es el normal

2 - Otro es la vivencia crítica.



Constaría así mismo de dos factores:



1 - Una imagen inconsciente accede a la consciencia directamente o simbolizada como sueño, ocurrencia o presentimiento.



2 - Una situación objetiva coincide con dicho contenido psíquico



El contenido del inconsciente colectivo expresado como imágenes universales primordiales transferidas desde un pasado ancestral, que incluye no sólo la humanidad temprana sino también a los ancestros animales y otros precursores del género humano. Los arquetipos no son parte del pensamiento consciente sino predisposiciones hacia ciertos comportamientos (patrones de actuación psicológica ligados al instinto), como el miedo a la oscuridad o el instinto materno, que son reforzados y modificados a través de la experiencia individual. El psiquiatra Carl G. Jung desarrolló -aunque no originó- el concepto de los arquetipos, los cuales han existido universalmente por miles de años en mitologías y en cuentos de hadas. El filósofo griego Heráclito fue el primero en ver la psiquis como el principio original del arquetipo. La idea del arquetipo fue articulada por Platón en su Teoría de las Formas, la cual sostiene que la esencia de una cosa o concepto es su forma o idea subyacente. El término "arquetipo" aparece en los escritos de Philo Judaes, Irenaeus y Dionisio el Areopagita. Jung dedicó mucho de su estudio al tema de los arquetipos. Con el correr de los años modificó su concepto de ellos, aunque nunca ofreció una definición definitiva. En 1946 adelantó la idea del "inconsciente psicoide", lo que dio lugar al arquetipo psicoide.


El inconsciente psicoide se refiere a un nivel más fundamental del inconsciente al que no se puede llegar por el consciente y que tiene propiedades en común con el mundo orgánico. Está formado por dos mundos y hace de puente entre ellos. Es, a la vez, psicológico y fisiológico, material e inmaterial. Así, un arquetipo psicoide expresa una conexión entre lo psíquico y lo orgánico: es lo psíquico en el proceso de hacerse material. Al ser los Arquetipos de la misma naturaleza de las ideas inherentes y estando más allá del tiempo y el espacio, estos agentes formativos activarían ciertos objetivos más allá del marco temporal-espacial. Este es uno de los conceptos más polémicos con los que trabaja la psicología analítica, pues, en última instancia, su contexto es abiertamente metafísico: el aspecto psicoide del arquetipo, del inconsciente, se refiere a su carácter también físico, más allá de lo psíquico, y, al mismo tiempo, por ende, a su carácter decididamente colectivo y transpersonal, más allá de la psique fraccionaria individual. El arquetipo no sólo como fenómeno interno personal, actuante en la propia alma, como contenido de ella, sino también extendiendo su fenomenología al mundo exterior, y enraizándose en aquello que captamos en primera instancia como ajeno a nuestra propia entidad individual. Es decir, el Arquetipo, lo Inconsciente, como habitante ubicuo del Micro y del Macrocosmos a la vez. Es una idea intuitiva que se desarrolla, sobre todo, a partir de la observación empírica especialmente del fenómeno de la sincronicidad: Jung denominó a las imágenes a través de las cuales se manifiesta el inconsciente “imágenes arquetípicas”. Empleó la palabra arquetípico a fin de comunicar el poder que tienen ciertas imágenes para contactarnos con lo que se muestra como la fuente misma de nuestro ser. La palabra griega arjé indica principio, origen; tipo deriva de un verbo griego que significa “modelar” y del correspondiente sustantivo que indica una imagen o modelo. Así arquetipo significa el modelo a partir de lo cual se configuran las copias, el patrón subyacente, el punto inicial a partir del cual algo se despliega.



Aunque Jung a veces mencionaba los arquetipos como algo impreso en nuestra psiques, también emplea esta etimología de forma más dinámica cuando define las imágenes arquetípicas como aquellas que pueden impresionarnos: "Estas asociaciones e imágenes arquetípicas…. Nos impresionan, influyen y fascinan”. Jung distinguía entre arquetipos e imágenes arquétipicas. Reconoció que lo que llega a nuestra consciencia son siempre imágenes arquetípicas, manifestaciones concretas y particulares que están influidas por factores socioculturales e individuales. Sin embargo, los arquetipos mismos carecen de forma y son irrepresentables; hablando con propiedad son más psicoides que psíquicos: “El arquetipo como tal es un factor psicoide que pertenece, por así decir, al extremo invisible y ultravioleta del espectro psíquico… No debemos olvidar que lo que denominamos “arquetipo” es en sí mismo irrepresentable, pero podemos visualizarlo a través de sus efectos, es decir, las imágenes arquetípicas”.



Los arquetipos mismos, dice Jung, son vacíos y carentes de forma, nunca podemos verlos excepto cuando se vuelven conscientes, cuando se llenan de contenido individual. El interés de Jung por las imágenes arquetípicas refleja más énfasis en la forma del pensamiento inconsciente que en el contenido.



Nuestra capacidad para responder a la experiencia como criaturas creadoras de imágenes es heredada, se nos da con nuestra humanidad. Las imágenes arquetípicas no son restos de pensamiento arcaico ni un depósito muerto, sino parte de un sistema viviente de interacciones entre la psique humana y el mundo exterior. Las imágenes arquetípicas que aparecen en mis sueños o través de las sincronicidades (coincidencias significativas) brotan de la misma capacidad humana que dio lugar a las antiguas mitologías de nuestros remotos antepasados. Los mitos no son causas de las manifestaciones contemporáneas e individuales, sino que existen en el mismo plano como analogías. Centrarnos en lo arquetípico permite subrayar la importancia que tienen nuestras imágenes para convertirnos en quienes somos. Nuestras vidas son configuradas por nuestros pensamientos, actos y, aun más poderosamente, por nuestras fantasías y sueños y los complejos de carga afectiva con los que respondemos a las personas y acontecimientos con que diariamente nos tropezamos. No soy sólo lo que he pensado, como proponía Descartes, ni lo que he hecho, como pretenden los existencialistas, sino también, como Gastón Bachelard ha mostrado tan poderosamente, lo que he imaginado y recordado.



C. G. Jung revolucionó el paradigma mecanicista de la psicología, recalcando la importancia del inconsciente por encima del consciente, de lo misterioso en lugar de lo conocido, de lo místico en lugar de lo científico, de lo creativo en lugar de lo productivo. Entendía el inconsciente como algo que iba mucho más allá de lo personal e individual. Además del inconsciente individual, hablaba de un inconsciente universal y suprapersonal al que denominó inconsciente colectivo. Este, que es el mismo para toda la humanidad, contiene la inmensa herencia psíquica de la evolución humana. Los arquetipos son los contenidos o estructuras de este inconsciente colectivo.



Jung descubrió que existen símbolos de naturaleza universal, a los que llama arquetipos, que se relacionan con una serie de experiencias comunes en distintos pueblos y culturas (el embarazo y el parto, la infancia, la vejez y la muerte, el amor, la búsqueda, la lucha,). Son experiencias compartidas por los seres humanos en todas las épocas, que recogen una sabiduría común a toda la humanidad. Estas experiencias se organizan en campos comunes (arquetipos) dentro del inconsciente colectivo. De este modo nos encontramos con arquetipos como el de madre, niño, amante, guerrero, sabio, etc. Los arquetipos aparecen en forma de "personajes" en los mitos y cuentos de hadas de todos los pueblos, dando voz al inconsciente colectivo. Hoy en día los encontramos también en el cine, la literatura, el arte, la publicidad, etc.



La relación entre experiencias y arquetipos es dinámica y bidireccional, de modo que no sólo las experiencias contribuyen a que se formen y actualicen los arquetipos, sino que a su vez éstos operan en la vida de todo ser humano produciendo un impacto directo sobre su psicología. Aunque se trata de experiencias comunes, producen un impacto diferente en cada persona y por eso se registran de distinto modo en el inconsciente personal. Los arquetipos funcionan como patrones subyacentes a partir de los cuales se configura la estructura individual; funcionan como modelos psicológicos, emocionales, de conducta y relacionales, que influyen y determinan, por lo tanto, nuestra psicología, nuestras emociones, nuestra conducta y nuestras relaciones.



En realidad, lo que llega a nuestra consciencia son siempre las imágenes arquetípicas, o sea manifestaciones concretas y particulares de los arquetipos. Pueden llegar a través de sueños, sensaciones, imágenes o palabras, y suelen ser percibidas como independientes de nuestra experiencia personal. A veces llegan como algo nuevo, desconocido, y esto hace que su impacto sea muy poderoso. Las imágenes arquetípicas están conectadas con el pasado y también con el futuro. Por eso son transformadoras. Jung decía: "el Yo no sólo contiene el depósito y la totalidad de la vida pasada, sino que también es un punto de arranque, el suelo fértil a partir del cual brotará toda vida futura". De este modo las imágenes pueden funcionar como guía, como líneas indicadoras que nos muestran el camino, aunque sin obligarnos a seguirlo. Además de la capacidad de intuir, Jung también reconoce en los arquetipos la posibilidad de hacerse con todo el control de la psique y "poseer" al individuo. De hecho, cuando un arquetipo se expresa de forma inconsciente, puede poseernos y determinarnos, mostrando en la mayoría de los casos su faceta negativa; mientras que si lo acercamos al consciente aprendemos de él, recuperamos el poder de elección, podemos adecuarlo a nuestra individualidad, ampliar nuestro potencial y expresarlo de la forma que nosotros prefiramos.