domingo, 22 de abril de 2012

Fragmento de “El Estatus Ontológico de la Teoría de la Conspiración” de Hakim Bey







Aquí una hipótesis:

La historia (con “h” minúscula) es un tipo de caos. Dentro de la historia están incrustados otros caos, si es que uno puede usar tales término. El tardío capitalismo “democrático” es uno de aquellos caos, cuyo poder y control se ha vuelto extremadamente sutil, casi alquímico, difícil de localizar, tal vez imposible de definir. Los escritos de Debord, Foucault y Braudillard han abordado la posibilidad de que el “poder mismo” está vacío, “desaparecido”, y ha sido reemplazado por la mera violencia del espectáculo. Pero si la historia es un caos, el espectáculo sólo puede ser visto como un “atractor extraño” en lugar de como una especie de fuerza causal. La idea de “fuerza” pertenece a la física clásica y tiene un papel muy pequeño que jugar en la teoría del caos. Y si el capitalismo es un caos y el espectáculo un atractor extraño, entonces la metáfora puede ser extendida: podemos decir que las conspiraciones “republicanas” son como los modelos concretos generados por el atractor extraño. Las conspiraciones no son fortuitas, pero entonces nada es realmente “fortuito”, en el antiguo y clásico sentido del término. Una forma útil en la que podemos, por así decirlo, mirar dentro del caos que es la historia, es mirando a través del lente proporcionado por las conspiraciones. Podemos creer o no creer que las conspiraciones sean meras simulaciones de poder, meros síntomas del espectáculo, pero no podemos desestimarlas como vacías de todo significado.



Más que hablar de teoría conspiratoria podemos en su lugar construir una poética de la conspiración. Una conspiración sería tratada como una construcción estética, o un constructo de lenguaje, y podría ser analizada como un texto. Robert Anton Wilson ha hecho esto con su vasta y juguetona fantasía “Illuminati”. Podemos también usar la teoría de la conspiración como un arma de agit-prop. Las conspiraciones de “poder” usan la total desinformación; lo menos que podemos hacer en represalia es localizarla hasta su fuente. Efectivamente debemos evitar la mística de la teoría de la conspiración, la fantasía de que la conspiración es todopoderosa. Las conspiraciones pueden ser golpeadas. Pueden ser incluso derrotadas. Pero temo que no pueden ser simplemente ignoradas. El rechazo a admitir cualquier validez a la teoría conspiratoria es en sí mismo una forma de falsa ilusión/ciega creencia en el mundo liberal, racional, alumbrado por la luz del día, en el cual todos tenemos “derechos”, en el cual “el sistema funciona”, en el cual “los valores democráticos prevalecerán a la larga” porque la Naturaleza lo ha decretado. La historia es un gran desorden. Tal vez las conspiraciones no funcionan. Pero tenemos que actuar como si funcionaran. De hecho los movimientos no autoritarios no sólo necesitan su propia teoría de la conspiración, necesitan también sus propias conspiraciones. “Funcionen” o no. Respiremos todos juntos o nos asfixiemos cada uno en lo nuestro. “Ellos” están conspirando, nunca lo dudes, aquellos siniestros payasos. No solamente debemos armarnos a nosotros mismo con una teoría conspiratoria, debemos tener nuestras propias conspiraciones: nuestras TAZs, nuestro comando de guerrilla ontológica ataca-patrullas, nuestros Terroristas Poéticos, nuestros instigadores de caos, nuestras sociedades secretas. Proudhon lo dijo. Bakunin lo dijo. Malatesta lo dijo. Es una tradición anarquista.

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